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LA CASA DE LA CASCADA. LA IMPORTANCIA DEL FALLO II

2 de Agosto de 2016 | Autor: Álvaro Pérez (@barbapg) Leído: 1744 veces

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Este artículo es la continuación de "La importancia del fallo, Parte 1". Pincha aquí para leer el artículo.


Cumplo con el estereotipo de ingeniero cuya formación artística tiene grandes carencias. Digamos que la he ido alimentando a través de obras concretas, artistas específicos y corrientes arquitectónicas puntuales. Aun así, reconozco el valor, visión, sentido y funcionalidad que dan los arquitectos a cualquier proyecto en el que colaboran, participan y/o dirigen. Objeto de otro post sería la valoración objetiva o subjetiva de dicho aporte. Bajo mi humilde punto de vista es, muchas veces, personal y por su propia naturaleza depende de los ojos con los que se mira el proyecto.

Aprovechando un viaje por Pennsylvania, Estado de gente tan dispar como Andy Warhol, Henry John Heinz, George Westinghouse, Will Smith y un grupo de irreductibles Amish, decidí conducir una hora y media para ir a visitar una de las mejores obras arquitectónicas del siglo XX, firmada por un arquitecto que no necesitaba ni abuela ni presentación, Frank Lloyd Wright. Estoy hablando de La Casa de la Cascada (Fallingwater House), una casa encargada por el dueño de los grandes almacenes de Pittsburgh Edgar Kauffman Sr cuya función sería de residencia de fines de semana para la familia. Fue su hijo Edgar Kauffman Jr quien le insistió para contar con Frank Lloyd Wright en dicho encargo en 1934.

Creo que se puede afirmar que la idea de Wright de colocar la casa en lo alto de la cascada, en lugar de ponerla en la parte baja, orientada hacia ella como sugirió su propietario, fue brillante. Quiso hacer que la casa y la familia, convivieran con la cascada y no solo la contemplaran y se acabaran cansando de mirarla. Su integración con el entorno, los materiales usados, el diseño de los espacios interiores, la técnica de construcción y la funcionalidad de la casa hacen que las críticas sean unánimemente positivas y las alabanzas al arquitecto continuas.

Sin embargo, quería mostrar en este post que hasta en dichos proyectos “cuasi perfectos”, se producen fallos de los que se puede y debe aprender. Estructuralmente la casa se apoya en 4 pilares y un muro de mampostería armado con una serie de voladizos que proyectan la casa sobre la cascada. Dichos voladizos fueron materializados con vigas de hormigón armado que, en unión con la losa, funcionaban de forma monolítica creando estancias que estaban empotradas en los muros y los pilares. El voladizo del segundo piso, el que alberga la terraza del dormitorio principal, está apoyado sobre el del primer piso a través de los marcos de las ventanas, reduciendo así su vuelo.


Vista desde el norte de los voladizos del primer y segundo piso


Otro voladizo situado al sur de la casa


Vista frontal de la casa. Casi oculto por la vegetación está el voladizo del primer piso

En 1936 comenzó la construcción del proyecto, durante la cual el ingeniero contratista de la estructura advirtió a Kauffman de que los cálculos de Wright eran incorrectos y que debían aumentar la cantidad de acero en las vigas que soportarían las losas en voladizo prácticamente al doble de lo proyectado originalmente. Se comenta que el ego del arquitecto (“no soy el mejor arquitecto estadounidense del s.XX, sino de siempre”) provocó que se lo tomara como un ataque personal y a punto estuvo de dejar el proyecto en la estacada (“…si no tengo su confianza, al infierno con todo”). Al final, la propiedad consiguió hacer que el arquitecto aceptara la modificación de dicho armado…¡y menos mal!

Nada más quitar el encofrado del voladizo de la primera planta, la flecha instantánea de la losa fue de 44.5mm. Esto hizo que volvieran a saltar todas las alarmas y se volvieran a revisar los cálculos. Algunas fuentes citan que en este momento el ingeniero responsable del cálculo llegó a decir que se le había olvidado incluir la armadura de negativos, lo que explicaría que la estructura siguiera cediendo con el paso de los años.

En 1937, el Sr. Kauffman encargó a un estudio de ingeniería la revisión de los cálculos estructurales y la realización de pruebas de carga del edificio y sus voladizos. El resultado de dicho estudio expresaba que era necesario colocar algún sistema de transmisión de cargas al suelo en los voladizos pues no se respetaban los coeficientes de seguridad (a pesar del aumento de armado incluido por el contratista). Wright consiguió convencer al Sr. Kauffman de que la casa funcionaría perfectamente según su diseño; sin embargo, no lo convencería del todo puesto que siguió midiendo periódicamente la flecha de la casa desde 1941 hasta su muerte en 1955.

En 1995, 58 años después de su construcción, la flecha medida era de 177.8mm en el voladizo de 4.57m, ¡casi L/25! Se hacía evidente que una reparación era urgente y necesaria. Seis años pasaron para encontrar el mejor método de reparación, finalmente se optó por postensar la estructura, y desarrollar el proyecto de rehabilitación de vigas y losas. Durante todo ese tiempo se decidió colocar una celosía metálica bajo los voladizos que frenara la flecha.

Imagen propiedad de Structural Group, Inc

El coste total de los trabajos de reparación fue de $11,5 millones. Para ponerlo en perspectiva, el coste de la casa fue de $155,000, es decir, la reparación costó casi un 7500% del coste original y casi un 1000% de coste equivalente (traídos a 2001). Para seguir con el encuadre histórico, hay que tener en cuenta que los aceros empleados en 1936 no tienen la fiabilidad de los que se usan en la actualidad, que la mano de obra no estaba rigurosamente cualificada y que el acceso a la parcela no permitía la llegada de grandes camiones y por tanto casi todo el hormigón tuvo que ser fabricado en el mismo sitio.

¿Qué creéis que pasaría hoy en día si te entregan una casa que necesita reparaciones por un coste de 75 veces el coste de la casa? ¿Qué diríamos de ese arquitecto? ¿Y de ese ingeniero? ¿Os viene a la cabeza algún ejemplo? ¿Es ese el precio de ir más allá de lo que la técnica del momento dicta?

Sin quererlo, Wright, o mejor dicho La Casa de la Cascada, nos sigue enseñando y maravillando aún en el fallo. La lección que deberíamos extraer de este proyecto es que si pretendemos adentrarnos en un terreno desconocido estructuralmente hablando, donde nunca antes se han realizado proyectos o no se controla la tecnología o la técnica constructiva, donde no estamos seguros de qué materiales llegarán a la obra o en qué condiciones, entonces deberíamos aumentar los márgenes de seguridad o contar con gente con sobrada experiencia en dicho campo. Todos tenemos nuestro orgullo y ego, pero hay que ser profesionales, y como me recordaron hace poco SER PROFESIONAL NO ES TENER UN TÍTULO, SER PROFESIONAL ES SABER LO QUE ESTÁS HACIENDO .

Si os interesa saber más: https://failures.wikispaces.com/Fallingwater

 

Álvaro Pérez Garay contacto: @barbapg

Ingeniero Industrial con especialidad de estructuras por la UPM. Cuanto más leo sobre este mundo más me reafirmo en que de lo único que estoy seguro es que cada día dudo más.

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Álvaro Pérez Garay . Ingeniero Industrial con especialidad de estructuras por la UPM. Cuanto más leo sobre este mundo más me reafirmo en que de lo único que estoy seguro es que cada día dudo más. Twitter: @barbapg
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